Gestión del estrés

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En un mundo acelerado, exigente y competitivo, es difícil no ser en algún momento y medida víctima del estrés. Sin embargo, hay personas que parecen tener una capacidad especial o diferente para afrontar las situaciones críticas de manera favorable, mientras que otros, se bloquean, confunden y responden de manera ineficaz.

En términos básicos, el estrés se define como el grado de exigencia que el ambiente le impone al organismo. Sin embargo, esta definición ha cambiado y ahora se considera no que los eventos son en sí mismos “estresores” (causantes de estrés), sino que el estrés es un derivado de la combinación entre lo que ocurre y cómo lo asumimos o valoramos desde nuestras experiencias, creencias y valores. Cuando pensamos que somos capaces de afrontar las situaciones, el estrés es bajo y cuando pensamos que las situaciones nos rebasan el estrés es alto. Evaluamos la situación y concluimos si podemos o no salir a flote. Y es esa conclusión lo que determina la respuesta emocional y corporal que expresamos: confianza o miedo, tensión o relajación.

En la empresa, cuando pensamos que vamos a fallar, que nos van a regañar, que perderemos clientes o dinero, el estrés crece. Si decidimos que las cosas van mejorar, que podemos encontrar soluciones, que somos capaces y creativos o que tenemos un equipo de gente que nos apoya el estrés se reduce.

La primera gran clave para manejar el estrés es la atención. Debemos preguntarnos dónde está enfocada nuestra atención, si en los problemas o en las soluciones, si en el placer de lo que vamos a obtener o en el temor de lo que podríamos perder. La gestión de la atención es un auténtico poder, un filtro que reconduce la energía y la enfoca donde realmente debe estar. Piensa en lo que quieres, no en lo que temes, piensa en las salidas, no en los bloqueadores.

La segunda herramienta es la interpretación. Si percibes los retos como “pesos” que te colocan encima, como obstáculos que limitan tu confort o como castigos que te endosan tus jefes, estás fabricándote estrés. Necesitas aprender a buscar en todo el lado positivo, a ver las exigencias como entrenamiento y la crítica como asesoría gratuita. Esa nueva mirada amplia y positiva, descargará tu morral de pesares innecesarios.

El tercer aspecto es la acción. Debemos dejar querer hacer todo al mismo tiempo y para hoy. Si lo quieres perfecto no lo pidas rápido y si lo quieres rápido no lo pidas perfecto. Eso se llama realismo, es puro sentido común. Hay que actuar, y hacerlo de manera planificada y por pasos. La simultaneidad es estresante. El cerebro no es “multitasking”, ese es un mito que la Neurociencia ya ha derribado. No somos multiprocesadores, a menos que se trate de actividades no relacionadas como sacar cuentas y escuchar música, que son manejadas por sectores cerebrales diferentes.

La ciencia y la experiencia indican que somos mejores cuando secuenciamos, cuando operamos paso a paso, una cosa primero y otra después.

La clave es el “kaizen”, que se traduce como cambios pequeños y sostenidos. Si planeamos, fragmentamos en trocitos y avanzamos un paso a la vez, estaremos venciendo el estrés.

Finalmente, el ambiente cuenta. Y me refiero al ambiente en dos aspectos: el lugar y las personas. Los ruidos fuertes, las distracciones permanentes, los espacios cerrados y los colores muy oscuros o muy brillantes, crean agotamiento mental y en consecuencia son generadores de estrés.

Asimismo, estar con personas indiferentes o invasivas, quejosas o criticonas, puede resultar emocionalmente insoportable. Un poco de música de fondo y recesos en medio de la jornada, así como reuniones eventuales para compartir con los compañeros, alivian las presiones y unifican afectivamente al grupo.

Si seguimos estas sugerencias podremos reducir en mucho los niveles de estrés y lograremos experimentar una mayor satisfacción laboral y nos acercaremos más a la calidad y a la excelencia.

Con información | www.bancaynegocios.com

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